martes, abril 11, 2017

"Mi hermano, Edgardo Enríquez Espinoza"




This is a piece about Edgardo written by his sister Inés Enríquez Espinosa. It was published in John Dinges book 'Operation Condor' (2015) and also stored as a testimony for the Museo de la Memoria, Santiago, Chile.
Edgardo Enríquez Espinosa (1941-1976) -
Carola Bell


Mi hermano Edgardo Enríquez Espinosa, el segundo de los cuatro hijos de Raquel y Edgardo, me lleva a momentos inolvidables de mi vida en Chile. Me vienen imágenes de él a la memoria, numerosas y alegres en su mayoría. Él aparece como lo que fue: un niño feliz, sonriente, a ratos riendo a carcajadas, regalón de mi madre que lo llamaba "mi negrito". Desde muy niño reveló su inclinación por la ingeniería, la mecánica de las cosas, de qué estaban hechas y cómo funcionaban. Edgardo era de los que recibía un juguete y como muchos niños, lo desarmaba, pero no se quedaba en eso, sino que luego empezaba su tarea de rearmar el juguete y en eso se podía pasar horas. Era estudioso, pero no dedicaba horas de horas a hacer tareas o al estudio; aprendía rápido y buscaba lecturas que no eran las señaladas por su escuela. En casa teníamos una amplia biblioteca armada por mis padres, con libros de autores diversos, donde podíamos escoger tanto literatura universal, como ensayos sobre diversos temas, artículos científicos, colecciones de cuentos para niños, poesía, novelas de autores chilenos, libros de arte, etcétera. Realmente nada nos faltaba, tuvimos la suerte de contar con padres dedicados a sus hijos, de facilitarnos todo lo que estuviera al alcance de ellos, de aprender de ellos a ser humildes sin ser sumisos, a dar con generosidad a los más necesitados, a actuar en consecuencia con nuestros principios y valores. Y Edgardo era parte fundamental de este grupo familiar, con su buen humor y también mal genio; con sus historias que nos compartía en las horas de almuerzo o cena sobre cosas que le sucedían en el colegio en sus años de primaria , o en el liceo más tarde. Un cambio importante que tuvimos en esos años fue la partida de Edgardo a Santiago a sus 17 años. Había elegido la carrera de ingeniería civil la cual no la impartía la Universidad de Concepción, entonces mis padres organizaron todo para que se fuera a Santiago a estudiar a la Universidad de Chile. La que más sufrió con su ida a Santiago fue mi madre, lloró amargamente, como si fuera un preanuncio, una señal anticipada de lo que sufriría con su desaparición años más tarde. En vacaciones, Edgardo iba a Concepción, nuestra ciudad natal, a visitarnos y era toda una fiesta en casa. Era nuestro hermano que llegaba de la gran ciudad a nuestra pequeña urbe. Todos nos poníamos muy felices con su llegada. En uno de sus viajes anunció que vendría acompañado de su novia o polola, y que por favor fuéramos amables y cariñosos con ella. Llegó con Grete Weinmann, una hermosa y encantadora mujer que nos conquistó a todos desde el primer momento. Nunca había visto a mi hermano tan feliz con alguien. Se casaron tiempo después y le dieron el primer nieto a mis padres, José Miguel.
Edgardo terminó su carrera de ingeniero y se dedicó por entero a la actividad política del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), del cual había sido uno de sus fundadores, junto con nuestro hermano Miguel y otros en su mayoría jóvenes también. En su militancia dentro del MIR se comportaba como un verdadero guerrero, mostrando disciplina, austeridad, sometimiento a las reglas, sin resquemores, envidias, vacilaciones ni prejuicios; si no estaba de acuerdo con alguna propuesta lo decía y discrepaba abiertamente. Tuvo tres hijos con Grete: José Miguel, Edgardo y Ernesto. El segundo de sus hijos, Edgardito, tuvo una meningitis neumocócica de la cual no logró salvarse y falleció a los cuatro años. Cuando Edgardo se enteró de la muerte de su hijo, sufrió horriblemente. Leí cartas de él a mis padres donde les hablaba del intenso dolor que estaba sufriendo por la pérdida de su hijo.
Después del Golpe de septiembre de 1973 el MIR pasó a sumergirse bajo estrictas medidas de seguridad y a buscar contacto con otras fuerzas de la izquierda para organizar un frente de resistencia y combate contra la dictadura. Edgardo fue enviado a Europa y a Cuba a cumplir determinadas tareas políticas. Estando fuera de Chile, supo de la muerte de Miguel, hecho que lo golpeó profundamente e indujo a buscar el regreso a Chile vía Argentina para sumarse a una fuerza de lucha contra el régimen militar.
A mí me tocó recibir la llamada en Oxford, en abril de 1976, de compañeros de Edgardo en Chile donde me informaban de su detención y desaparición en Argentina. Era tarde en la noche cuando llamaron, y tuve que darles la triste noticia a mis padres. Durante años se dijo que había desaparecido en Argentina. Había un testimonio de un detenido en Chile que decía que lo había escuchado gritar su nombre en una casa de detención y tortura de la DINA en Santiago. Pero que yo sepa, nadie lo vio en Chile. Años después el Grupo de Antropología Forense de Argentina hizo una investigación sobre su caso (y de muchos otros) y encontró un registro de sus huellas dactilares y su foto en los archivos del Hospital Pirovano en Buenos Aires. De sus restos no se supo nunca nada.
No quisiera ser abrupta para terminar este texto, pero los hechos son poderosos y hablan por sí solos. Saber de su desaparición y en años recientes de su muerte fue una lápida que se nos vino encima y paralizó por un tiempo, pero, en gran medida, gracias a ustedes y al trabajo de recolección de información, fotos, testimonios que realizan hemos recuperado la memoria de nuestros seres queridos - en nuestro caso de Edgardo - y dado a conocer su historia y ejemplo a las nuevas generaciones. Gracias eternas por lo que hacen.
Inés Enríquez Espinosa
Ciudad de México
8 Septiembre 2015

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