Hubo grandes voces en el escenario de la cuarta marcha del NiUnaMenos. Hubo rastas, pieles negras y morenas; identidades originarias y trans, de Argentina y de más allá. Trabajadoras todas. Siempre en lucha por recuperar lo que les han quitado. Hablaron quienes pocas veces tienen la palabra pero tienen mucho para decir. Aquí las historias y las ideas de las mujeres que leyeron el documento.

Las que eran parias

Paula Arraigada es una mujer trans que milita las causas sociales, referente del colectivo trans. “Vengo haciendo un trabajo de hormiga”, comentó, y cuesta imaginarla pequeña, a ella tan alta como espigada. Pero sí se la ve trabajadora. “Me define una vocación de unir”, apuntó. Hace 48 años nació en Entre Ríos y hace 30 que vino a Buenos Aires a estudiar actuación. Estudió en la Escuela Municipal de Arte Dramático pero cuando entró a la política lo fue dejando. Milita en la organización la Nelly Omar, parte de La Corriente y es, desde el 9 de mayo, coordinadora de la Mesa de Diversidad del Partido Justicialista de Buenos Aires. También es autoridad del Parlamento de las Mujeres de la Legislatura porteña.
Las reivindicaciones que llevó su presencia al escenario son varias. “Cupo laboral trans es la reivindicación más grande porque de eso depende que algunas compañeras vivamos más de los 40 años; también justicia por el travesticidio de Diana Sacayán y el de todas las compañeras víctimas de los crímenes de odio”, dijo a PáginaI12. El año pasado en la Marcha del Orgullo ya estuvo en un escenario tan masivo y habló, como ayer, atravesada por emociones encontradas, por “la conciencia de que estás viva, que no es poca cosa para nosotras, y también de que ha sido un largo recorrido y hemos avanzado un montón”. “Nosotras éramos parias, no teníamos patria”, resumió Paula, por eso la emoción.

Las que parieron la patria 

Laura Omega Gaitán es décima generación descendiente de esclavos que vinieron desde El Congo y Angola a estas tierras en 1595. Referente del Grupo Matamba, que trabaja hace diez años por visibilizar la comunidad afro en Argentina. “Mi abuela fue la primera mujer libre de mi familia. Desde mi abuela en adelante tenemos una lucha feminista. Mi mamá era activista. Soy militante feminista hace 20 años”, dijo. Creó el Grupo Matamba hace diez años para trabajar feminismo e identidad. “Es muy importante la construcción de la identidad negra. Es importante porque se dice que estamos muertas, que somos migrantes, y estamos acá porque parimos la patria”, explicó esta mujer de 45 años y madre de tres hijas mujeres y un varón. “La idea es que se dé la voz a las personas que no han tenido voz. Es como si las mujeres de pueblos originarios y las negras no existieran. Lo que hacen es extranjerizar. Esa es una deuda histórica del Estado nación”, cantó, como se cantan las cuarenta, en diálogo con este diario. Ella sabe de ese tipo de cantos y del otro. Se expresa con el reagge, y en ese camino está por sacar un disco que habla de las libertades de las mujeres.

Las mujeres del origen

Irma Caupan Pierrot también estuvo en el escenario representando a las mujeres originarias. Su madre de origen mapuche (Caupan) la dio en adopción a los dos años. La familia que la adoptó es francesa y cuando Irma tuvo edad de entender, le entregaron su partida de nacimiento y le dijeron que su identidad era el tesoro más grande. Desde entonces esa es su bandera. “Una de las cosas más importante es poder elegir tu identidad”, dijo. Irma nació en Esquel, pero vive en Buenos Aires. Es psicóloga social y trabaja en salud mental. Co-coordina la marcha de mujeres originarias que nació con la idea de sumar a las afro y las negras y hacer un feminismo que tenga que ver con la identidad. “Promovemos un encuentro plurinacional de mujeres porque queremos que aparezcan las 36 naciones originarias del país. De lo contrario quedamos homogeneizadas dentro de un grupo cuando hay cantidad de situaciones que sufren las hermanas negras, originarias que no se ven reflejadas. Lo que más nos preocupa es el feminicidio: es el Estado el que entrega los territorios junto con las mujeres y los niños. La judicialización de las protesta”, explicó.

Las mujeres trabajadoras

Mónica Berruti tiene 52 años, es madre de dos hijas y hace 10 años trabaja en la línea H. Pasó por todos los puestos antes de llegar a “Trafico”, y poder conducir un tren, contó. Su rostro golpeado y sus rastas rubias emergieron de los túneles subterráneos para llegar a los canales de televisión hace pocas semanas. Pero ella la lucha desde pequeña. Trabaja desde los 13 años porque su familia de origen, con muchos hijos, y poco dinero, lo necesitaba. Desde entonces no paró de trabajar. Por eso lleva rastas, porque la lucha es permanente, y porque son “sinónimo de estar en contra de un sistema que no respeta los derechos de los seres humanos”.
“Nuestro sindicato (Metrodelegados) tiene una historia muy nutrida de lucha por la participación de las mujeres en este sector que no nos permitían. Hubo que luchar mucho para reivindicarnos como trabajadoras para ser guarda de un tren y conducirlo. Se decidió que estuviera yo en el palco por la represión que hemos sufrido el 22 de mayo en la línea H. Una represión doble, no sólo como mujer, sino como mujer trabajadora. Una violencia institucional”, dijo.
Para ellas y muchas tantas que se vieron representadas por ella en ese palco multicolor, “este es un momento difícil para la mujer de trabajo, este modelo económico solo puede entrar a partir de la represión. No hay ningún diálogo político que nos pueda convencer de que la variable de ajuste sean nuestros salarios. Todas sabemos que las mujeres tenemos esa doble represión. Esa represión machista, institucional que viene desde que la mujer es mujer”.

Feminismos sin fronteras

Mariana Britos nació hace 28 años en la ciudad de México. Hace dos y medio vino a Buenos Aires a estudiar y trabajar. Y fue arrasada con la ola fuerte del feminismo, que la sacudió y de la que no quiso escapar. “En México hay un problema muy grande de violencia machista, al menos siete femicidios diarios. Pero fue acá donde me hice totalmente militante del feminismo porque es impresionante la ola del feminismo acá. Si el patriarcado no tiene fronteras nosotras tampoco las tenemos, por eso la necesidad de construir un feminismo internacionalista”, dijo a este diario.
Mariana es profesora de español para extranjeros, integra el Bloque de Trabajadoras y Trabajadores migrantes y forma parte de Niunamigrantemenos, un frente que aglutina diferentes organizaciones de migrantes.
“En términos generales una de las cosas que hemos reiterado es que como mujeres migrantes vivimos una triple opresión, por ser mujeres, por trabajadoras y por migrantes. Esto tiene implicancias en el sentido de flexibilización laboral, los roles que se asignan, por ejemplo, a las paraguayas dentro del ámbito de la limpieza y de cuidar, son trabajos precarizados asociados a las mujeres migrantes”, contó. También marcó que “las políticas de tarifazos y ajustes son políticas de expulsión que vivimos en nuestros países de origen y nos obligaron a emigrar”. Para ellas, la respuesta a todo esto es la organización: “no nos vamos a ir, tenemos derecho a mirar, migrar no es un delito”.
Las de siempre fueron la locutora e histórica feminista Liliana Daunes, que como lo viene haciendo hace años, abrió el acto. Y Nora Cortiñas, Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, que estuvo en el cierre. Ambas ya no necesitan presentación.