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CABA: Julio Cesar Libre con MOIRA CASAN













Moria Casán

La One le pone su cuerpo-monumento a Julio César

Moria Casán: “Cuando la gente me ve no sabe si soy una película de Porcel, la Difunta Correa o el Indio Solari.”

Desde su estreno, Moria Casán encandila y revoluciona Mataderos como Julio César en su primera incursión en una sala del circuito oficial del San Martín: el recuperado Cine Teatro El Plata. En entrevista con Soy, su lengua karateca brilla con luz propia y demuestra una vez más por qué se ha ganado el alias de La One DerWoman, modelo de (in)conducta al que a la comunidad lgbti le encanta adorar.

Cada fin de semana en Mataderos, la patria de donde provenía su antológica “pantera bailantera”, Rita Turdero, Moria Casán brilla con singular e intensa luz propia nada menos que como el Julio César de William Shakespeare en versión libre de José María Muscari. Una personalidad histórica-literaria que parece hecha a la medida de la figura pública de la prócer argentina. El vate inglés por antonomasia supo crear un personaje tan complejo, ambiguo y polémico en sus motivaciones políticas como en sus pasiones humanas: el mayor republicano o el mejor de los dictadores, desdeñoso y amante de la plebe, estadista genial o egocéntrico ciego en sus ambiciones de poder. 

A su vez, Muscari parece inspirase en y nutrirse de fuentes clásicas como Suetonio, el historiador que tan pronto caracterizó a César como un mujeriego irremediable pero también “el descendiente de Venus en la cama de un bárbaro” o la “reina de Bitinia” en referencia a sus amoríos con varones de los cuales el más escandaloso fue el que lo asoció con el rey bitinio Nicomedes y que supuestamente hizo clamar al pueblo al regreso de su mayor conquista guerrera que “César sometió las Galias y Nicomedes a César”. Como a César, a Moria le basta plantar su monumental figura sobre el escenario para hacer callar al decorado, para que la idolatren y para demostrar en cada una de sus apariciones -así sean fugaces- porque qué es “La One”, “TutankaMoria” atemporal, "La One DerWoman", “La Mucha”, la “Furia endémica”, el objeto erótico de culto de generaciones y el Puto Mayor, la reina sagrada a la que comunidad LBTBIQ+ le encanta adorar.

Primero que nada, te quiero agradecer que hayas aceptado la entrevista para el suplemento con celeridad inaudita...

-¡Ay, mi amor! Para mí es un placer. Yo soy por y para la marginalidad de la sociedad desde hace años. Yo la defino como margenialidad. Yo misma soy una marginal, outsider espiritual. Para mí que ustedes como comunidad se me acerquen, que me entrevisten, es nivel y despega, es un mimo al alma. Yo siento que he protegido, de alguna manera, desde mi propia convicción y desde mi propia espiritualidad, la sensibilidad de todos ustedes. Ahora me protegen ustedes a mí, así que nos retroalimentamos con amor.

¿Qué te llevó a aceptar la propuesta de Muscari y el rol de Julio César?

-Mis motivaciones son el momentismo absoluto y mi impronta. Un día me llama Muscari y me dice que Telerman me va a convocar para hacer Julio César en el San Martín, cosa que sucedió enseguida. Yo ya había hecho de Julio César hace siete u ocho años en funciones ad honorem a teatro lleno y con un elenco mayor porque había dos o tres personajes más. Marco Antonio, lo interpretaba nuestra amada Norma Pons.

¿Cómo construiste el personaje de Julio César y cuanto hay de vos y cuanto de Muscari en el escenario?

-Todo es de todos en la construcción de algo. Soy una autodidacta absoluta de mi puesta escénica, de mi yo en el escenario y todo fluye y nada influye. No influye ni una construcción, ni meterme cosas, ni sacralizar a Shakespeare ni a Julio César. Desde el momento en que leo el texto es orgánico, desde ese momento ya soy Julio César. Eso no quiere decir que ando todo el día como Julio César. Ese tipo de pelotudez no la tengo por suerte. No me pregunto de dónde vengo ni adónde voy porque no tengo escuela. Tengo calle, vereda, cordón, patio de atrás y patio de adelante. Desde mi debut me tiraron desnuda en un escenario y a partir de ese momento me cubro con mi propia luz, con mi propia sabiduría. Es como si te dejaran tus padres y te tiraran en una comisaría o en una iglesia en bolas. Yo nací en el escenario en bolas y solo tengo mi luz. Solo así se explica que pude superar la juventud y la época basada en el físico. No me quedé ni con el cuerpo, ni con el minón sexy, ni nada. Por eso desde el primer momento me dieron los sketches con los cómicos y yo remataba los chistes.

¿Por qué decís que debutaste desnuda?

-Debuté caracterizada como Carlitos Chaplin y terminaba haciendo un striptease. La primera vez que entré al teatro, no sabía que iba a actuar. Tuve que preparar todo en 40 minutos. Yo misma me titireteaba. Y salí nada menos que interpretando a un personaje como Chaplin, en blanco y negro, del cine mudo. Yo que soy de otro sistema solar. Por eso también yo soy una gran hermafrodita desde que empecé. Al igual que el personaje Julio César. Siempre tuve fui masculina-femenina y de hermafroditismo. Tengo una presencia medio drag-queenesca y al mismo tiempo tengo algo de barroquismo de mujer.

En el texto de Shakespeare -cuya estructura Muscari respeta más allá de algunos agregados- Julio César dice menos de 150 versos y es asesinado en el centro exacto de la obra. Sin embargo, tu presencia domina. ¿Por qué creés que producís ese efecto?

-Provoco que se llama estupor, en el lenguaje del derecho se llama temor reverencial. Cuando la gente me ve queda estupefacta, no sabe si ve un poster, si ve una película de Porcel y Olmedo, si ve un programa de televisión, si ve a la Difunta Correa, el Gauchito Gil, el Indio Solari. Soy como un mix de personajes. Algunos dicen que soy como Diego Maradona, otros que no me parezco a nadie. Se les mezcla una cosa ritualista de gente muerta y de gente viva.

¿A nivel personal, qué te genera la obra y cómo lo conectás con la contemporaneidad?

-Me pasa una cosa muy fuerte con Julio César y con el texto intervenido de Muscari. Tiene potencia porque le agrega la puesta de elementos audiovisuales actuales: Tinder, pantallas, redes sociales… Es una Roma aggiornada, hipertecnologizada e hipersualizada con música de Nathy Peluso. Las pantallas nos sirven de decorado y el decorado se calla. Ahora que el mundo y las relaciones humanas se volvieron una especie de gran video clip y eso aparece representado en el escenario.

¿Qué te parece que aporta esta versión de Julio César en términos de las luchas de las diversidades sexuales y en clave política actual?

-Me parece todo un acierto que los roles masculinos estén interpretados por mujeres y los femeninos por hombres. Ahí hay una disrupción de lo clásico que es mostrar la diversidad de género en el hecho de que no haya género. Y que también prime el amor junto al poder que debilita o potencia según como lo manejen. Es hermoso que se presente de un modo tan verdadero y no pretencioso, tan abarcativo y en un barrio genuino como Mataderos.

Ese aspecto respeta el espíritu de Shakespeare que estaba dirigido a un público y tenía un lenguaje y muy popular…

-Lo más popular del planeta. Si Shakespeare viera todos los Shakespeares que se están haciendo o se hicieron y no pudo ver, incluso los hechos por los supuestos puristas del género, creo, se sentiría embriagado por este Shakespeare verdadero, montado en un barrio de verdad.

Tienen entradas vendidas para toda la temporada y el teatro delira en cada función ¿Cómo se explica ese fenómeno?

-Parece que el público se extasiara y entrara en estado de trance viendo la obra. Es como trans, es un mix de modernidad y al mismo tiempo atraviesa muchas cosas. Es muy fuerte actuarlo en Mataderos y lo que ocurre a la salida que se arman vallas y toda la gente gritando cuando pasamos los artistas. Era el espectáculo que yo tenía que hacer porque soy una especie de drag queen montado en hombre-mujer. Todo lo que tengo como figura, y toda la gente que me acompaña tipo la corte de la monarquía que adula y traiciona y el texto de Shakespeare son atemporales.

Pasás por la valla, desfilás como una diosa pagana, subís al auto y te vas al Multiteatro a hacer “Brujas”…

-Mucha gente me pregunta cómo hacés para salir de ahí y hacer “Brujas”. Es administrar energías porque mi escuela fue el teatro de revistas: dos funciones todos los días, tres los sábados y los domingos. Soy una artista y no tengo el sabotaje que se hacen en general los actores de fracasar en el éxito porque no pueden disfrutar del éxito si lo tienen mientras otros tienen éxito en el fracaso. Me estoy refiriendo a los dos como los mismos impostores: el éxito y el fracaso. Yo desacralizo el éxito y el fracaso. En un momento de la obra, Porcia le dice a Bruto “Deconstruite, tremendo pelotudo anquilosado”. Yo estoy en construcción constante porque constantemente me retroalimento y ahora estoy en una nueva era que empezó con la pandemia. Ahora soy poco más que una adolescente, tengo la edad de cuando empecé el teatro.

En los 90 te adelantaste a los tiempos con una obra sobre y protagonizada por mujeres y ahora le diste una vuelta de tuerca a “Brujas” con incorporaciones icónicas para nuestra comunidad.

-¡Una bomba! Con María Leal y la Mihanovich, la obra ha superado sus valores éticos. Tiene una verdad que atraviesa y trasciende todos los tiempos, pero las chicas están divinas y las clásicas Vidal, Cárpena y yo estamos gozando de este éxito de localidades agotadas que lleva 31 años. ¿Sabes lo que noto? Que mucha gente no disfruta porque los mata el prejuicio o los mata, el qué dirán. Si te subís al escenario tenés que ser independiente de la opinión ajena. En general yo pienso que los actores son tan exquisitamente sensibles que se retuercen con su propia emocionalidad y eso les impide disfrutar. Siempre decimos con Sofia: no hay más prostitución que la de subirse a un escenario, pero prostitución espiritual. Yo lo desdramatizo, lo desacralizo. Hay muy pocos actores que gozan de la profesión, la mayoría la padece. Yo la gozo, soy una gozadora serial.

En “Moria es Moria”, María Leal contó su historia de amor con Sandra Mihanovich. ¿Cómo surgió y cuáles fueron los prolegómenos a la entrevista del año 2021?

-La gente conmigo se abre de una manera muy especial. Debe ser porque no marco con el dedito, no juzgo. María Leal que es una minaza divina y la amo, me dijo, “Te voy a hacer un regalo, Moria. Vamos a hacer una entrevista como si estuviéramos a solas”. Vos relax y contá lo quieras, le dije, y contó eso. Las puertas que abrió María, para la comunidad y lo que significó para ella como ser humano y para reposicionarse como una actriz que había quedado presa de un montón de cosas, no solamente de “Grande Pa” fue inmensa. Ha cambiado tanto la mirada sobre ella que hace que viva un momento muy feliz y yo se lo agradezco muchísimo. Su relación con Sandra era sotto voce, pero que lo cuente en la tele habla de que la mina tiene unos ovarios impresionantes. 

“Julio César” de José María Muscari con Moria Casán, Marita Ballesteros, Alejandra Radano, Malena Solda, Mario Alarcón, Mariano Torre, Mirta Wons, Vivian El Jaber, Fabiana García Lago y Payuca. Sábados y domingos a las 17, en el Cine Teatro El Plata (Complejo Teatral Buenos Aires). 

“Brujas” con Moria Casán, Nora Cárpena, Thelma Biral, Maria Leal y Sandra Mihanovich. Miércoles a domingos en el Teatro Multitabaris Comafi.

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